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Capítulo 40

Colección:El Libro de Job y 42 pinturas
Autor:Fr. Antonio Oteiza
Tipo:Pintura
Ubicación:Sala de catalogación
Características: Pintura acrílica sobre cartón
Obra:
Capítulo 40

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Descripción:

El Señor siguió hablando a Job:

¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso? El que critica a Dios que responda.

Job respondió al Señor:

Me siento pequeño, ¿qué replicaré?, me taparé la boca con la mano.

He hablado una vez y no insistiré; dos veces y no añadiré nada.

El Señor replicó a Job desde la tormenta:

Si eres hombre, cíñete los lomos, voy a interrogarte y tú responderás:

¿Te atreves a violar mi derecho o a condenarme para salir tú absuelto?

Si tienes un brazo como el de Dios y tu voz atruena como la suya, vístete de gloria y majestad, cúbrete de fasto y esplendor, derrama la avenida de tu cólera y abate con una mirada al soberbio, humilla con una mirada al soberbio, y aplasta a los malvados; entiérralos juntos en el polvo, venda sus rostros en la tumba.

Entonces yo también pronunciaré tu alabanza: «Tu brazo te ha dado la victoria».

Mira al hipopótamo, que yo he creado igual que a ti; come hierba como las vacas. Mira la fuerza de sus ancas, la potencia de su vientre musculoso cuando yergue su cola como un cedro, trenzando los tendones de los muslos. Sus huesos son tubos de bronce, su osamenta barras de hierro.

Es la obra maestra de Dios, sólo su Hacedor puede acercarle la espada.

Los montes le traen tributo, los animales salvajes retozan junto a él; se tumba debajo de los lotos, se esconde entre las cañas del pantano, lo cubren los lotos con su sombra, lo envuelven los sauces del torrente.

Aunque el río baje bravo, no se asusta, está tranquilo aunque el Jordán espumee contra su hocico.

¿Quién lo agarrará por los ojos o le atravesará la nariz con una horquilla?

¿Puedes pescar con anzuelo al cocodrilo o domar su lengua con una cuerda?

¿Puedes pasarle un junco por las narices o perforarle la mandíbula con un gancho?

¿Vendría a ti con muchas súplicas o te hablaría con lisonjas?

¿Hará un contrato contigo para que lo tomes como esclavo de por vida?

¿Jugarás con él como con un pájaro, o lo atarás como un gorrión?

¿Traficarán con él los pescadores o lo trocearán entre los tratantes?

¿Podrás acribillarle la piel con dardos o la cabeza con arpones?

Ponle la mano encima: te acordarás de la batalla y no lo repetirás.

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