| Colección: | El Libro de Job y 42 pinturas |
| Autor: | Fr. Antonio Oteiza |
| Tipo: | Pintura |
| Ubicación: | Sala de catalogación |
| Características: | Pintura acrílica sobre cartón |
| Obra: |
Pulsa para ampliar |
| Descripción: |
Job siguió entonando sus versos y dijo: ¡Quién me diera volver a los viejos días cuando Dios velaba por mí, cuando su lámpara brillaba encima de mi cabeza y a su luz cruzaba las tinieblas! ¡Aquellos días de mi otoño, cuando Dios era un íntimo en mi tienda, el Todopoderoso estaba conmigo y me rodeaban mis hijos! Lavaba mis pies en leche, la roca se me derretía en ríos de aceite. Cuando salía a la puerta de la ciudad y tomaba asiento en la plaza, los jóvenes al verme se escondían, los ancianos se levantaban y se quedaban de pie, los jefes se abstenían de hablar tapándose la boca con la mano; se quedaban sin voz los notables y se les pegaba la lengua al paladar. Oído que me oía me felicitaba, ojo que me veía me aprobaba. Yo libraba al pobre que pedía socorro y al huérfano indefenso, recibía la bendición del vagabundo y alegraba el corazón de la viuda; de justicia me vestía y revestía, el derecho era mi manto y mi turbante. Yo era ojos para el ciego, era pies para el cojo, yo era el padre de los pobres y examinaba la causa del desconocido. Le rompía las mandíbulas al inicuo para arrancarle la presa de los dientes. Y pensaba: «Moriré dentro de mi nido, con días incontables como la arena». Mis raíces alcanzaban hasta el agua y el rocío se posaba en mi ramaje; mi prestigio se renovaba conmigo y mi arco se reforzaba en mi mano. Me escuchaban expectantes, atentos en silencio a mi consejo; después de hablar yo, no añadían nada, mis palabras goteaban sobre ellos, las esperaban como lluvia temprana, se las bebían como lluvia tardía; al verme sonreír, apenas lo creían, y no se perdían un destello de mi rostro. Escogía su camino, y me sentaba a la cabeza, instalado como un rey entre su escolta. Yo guiaba y se dejaban conducir. |