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Capítulo 21

Colección:El Libro de Job y 42 pinturas
Autor:Fr. Antonio Oteiza
Tipo:Pintura
Ubicación:Sala de catalogación
Características: Pintura acrílica sobre cartón
Obra:
Capítulo 21

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Descripción:

Respondió Job:

Oíd atentamente mis palabras, sea éste el consuelo que me dais.

Tened paciencia mientras hablo, y cuando termine, podrás burlarte.

¿Me quejo yo de algún hombre o pierdo la paciencia sin razón?

Atendedme, que de puro asombro os llevaréis la mano a la boca.

Cuando lo recuerdo, me horrorizo y me atenaza las carnes el pavor.

¿Por qué siguen vivos los malvados y al envejecer se hacen más ricos?

Su prole está segura en su compañía y ven crecer a sus retoños; sus hogares, en paz y sin temor, la vara de Dios no los azota; su toro cubre sin marrar, la vaca les pare sin abortar.

Dejan correr a sus chiquillos como cabritos, dejan saltar a sus críos; cantan al son de cítaras y panderos y se regocijan oyendo la flauta.

Así consumen su vida dulcemente y bajan serenamente al sepulcro.

Ellos que decían a Dios: «Apártate de nosotros, que no nos interesan tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos? Qué sacamos con rezarle?».

-Pero no tienen la dicha en sus manos. ¡El plan de los malvados queda lejos de Dios! ¿Cuántas veces se apaga la lámpara del malvado o se abate sobre ellos la desgracia? o la ira de Dios les reparte sufrimientos, y son como paja que empuja el viento,
como tamo que arrolla el torbellino?

–Pero Dios guarda el castigo para sus hijos.
–¡Que se lo cobre a él y que lo sienta!

¡Que vea con sus ojos la desgracia y beba la cólera del Todopoderoso!

Pues ¿qué le importa su casa una vez muerto y acabada la cuenta de sus meses?

–¿Se le pueden dar lecciones a Dios?
–Dios gobierna en el cielo.

Uno llega a la muerte sin un achaque, del todo tranquilo y en paz, su sexo lleno de vigor y jugosa la médula de sus huesos; y otro muere lleno de amargura, sin haber comido nunca bien; y los dos se acuestan juntos en el polvo, cubiertos de gusanos.

Yo me sé vuestros pensamientos y vuestros planes violentos contra mí. Sé que decís: «¿Dónde está la casa del poderoso, dónde la morada de los malvados?»

¿Por qué no se lo preguntáis a los que han viajado? y no creéis sus historias maravillosas?: que en la catástrofe se salva el malvado y que el día trágico lo encuentra ausente; que nadie le echa en cara su conducta ni le paga lo que se merece; que lo conducen al sepulcro y se hace guardia junto al mausoleo y le son dulces los terrones del valle. Después de él marcha todo el mundo, y antes de él incontables.

¿Y me queréis consolar con vaciedades? Vuestras respuestas son puro engaño.

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