| Colección: | El Libro de Job y 42 pinturas |
| Autor: | Fr. Antonio Oteiza |
| Tipo: | Pintura |
| Ubicación: | Sala de catalogación |
| Características: | Pintura acrílica sobre cartón |
| Obra: |
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| Descripción: |
Ahora, en cambio, se burlan de mí muchachos más jóvenes que yo, a cuyos padres habría rehusado dejar los perros de mi rebaño, cuyos brazos no me habrían servido, sin fuerzas como estaban. Andaban enjutos de hambre y necesidad, royendo la estepa, de noche en el yermo desolado, arrancando armuelles por los matorrales, alimentándose de raíces de retama; expulsados de los poblados, a gritos, como ladrones, habitando en barrancos espantosos, en cuevas y cavernas, aullando entre los matorrales, apretujándose bajo las ortigas. ¡Chusma vil, prole sin nombre, arrojada del país a latigazos! Ahora, en cambio, me sacan coplas, soy el tema de sus burlas, me aborrecen, se distancian de mí y aun se atreven a escupirme a la cara. Dios ha soltado mi cuerda y me ha humillado y ellos se desenfrenan contra mí. A mi derecha se levanta una canalla que apisona caminos para mi exterminio; deshacen mi sendero, trabajan mi ruina y nadie los detiene; irrumpen por una ancha brecha en avalancha, como tormenta. Se vuelven contra mí los terrores, se disipa como el aire mi dignidad, y pasa como nube mi ventura. Ahora quiero desahogarme: me atenazan días de aflicción, la noche me taladra hasta los huesos, pues no duermen las llagas que me roen. Él me agarra con violencia por la ropa y me sujeta por el cuello de la túnica, me arroja en el fango y me confundo con el barro y la ceniza. Te pido auxilio, y no me haces caso; insisto, y me clavas la mirada. Te has vuelto mi verdugo y me atacas con tu brazo musculoso. Me levantas en vilo, me paseas y me sacudes en el huracán. Ya sé que me devuelves a la muerte, donde se dan cita todos los vivientes. ¿No alarga uno la mano al hundirse, o no grita «socorro» en el desastre? ¿No lloré con el oprimido, no tuve compasión del pobre? Esperé dicha, me vino desgracia; esperé luz, me vino oscuridad. Me hierven las entrañas y no se acallan, días de aflicción me salen al encuentro. Camino sombrío, lejos del sol, y en la asamblea me levanto a pedir auxilio; me he vuelto hermano de los chacales y compañero de los avestruces. Mi piel se ennegrece y se me cae, mis huesos se queman de fiebre. Mi cítara está de luto y mi flauta acompaña al llanto. |