| Colección: | El Libro de Job y 42 pinturas |
| Autor: | Fr. Antonio Oteiza |
| Tipo: | Pintura |
| Ubicación: | Sala de catalogación |
| Características: | Pintura acrílica sobre cartón |
| Obra: |
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| Descripción: |
El hombre nacido de mujer, corto de días, harto de inquietudes; como flor se abre y se marchita, huye como la sombra sin parar. ¿Y en uno así clavas los ojos y me llevas a juicio contigo? ¿Quién sacará pureza de lo impuro? ¡Nadie! Si sus días están definidos y sabes el número de sus meses, si le has puesto un límite infranqueable, aparta de él tu vista y déjalo hasta que complete, como jornalero, su jornada. Un árbol tiene esperanza: aunque lo corten, vuelve a rebrotar y no deja de echar renuevos; aunque envejezcan sus raíces en tierra y el tocón esté amortecido entre terrones, al olor del agua reverdece y echa follaje como planta joven. Pero el varón muere y queda inerte, ¿adónde va el hombre cuando expira? Falta el agua de los lagos, los ríos se secan y aridecen: así el hombre se acuesta y no se levanta; pasará el cielo y él no despertará ni se levantará de su sueño. ¡Ojalá me guardaras en el Abismo, escondido mientras pasa tu cólera, y fijaras un plazo para acordarte de mí! Cada día de mi servicio esperaría que llegara mi relevo; con nostalgia por la obra de tus manos tú me llamarías y yo respondería; entonces contarías mis pasos, no vigilarías mi pecado, sellarías en un saco mis delitos y blanquearías mis culpas. Una montaña se inclina y se derrumba, una roca se mueve de su sitio, el agua desgasta las piedras, la avenida arrastra las tierras, y tú destruyes la esperanza del hombre. Muerto el varón, ¿puede revivir? Lo aplastas para siempre y se va, le demudas el rostro y lo expulsas. Sus hijos se enriquecen sin que él se entere, se arruinan sin que él lo advierta. Sólo siente el tormento de su carne, sólo siente la pena de su alma. |