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Capítulo 14

Colección:El Libro de Job y 42 pinturas
Autor:Fr. Antonio Oteiza
Tipo:Pintura
Ubicación:Sala de catalogación
Características: Pintura acrílica sobre cartón
Obra:
Capítulo 14

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Descripción:

El hombre nacido de mujer, corto de días, harto de inquietudes; como flor se abre y se marchita, huye como la sombra sin parar.

¿Y en uno así clavas los ojos y me llevas a juicio contigo?

¿Quién sacará pureza de lo impuro? ¡Nadie!

Si sus días están definidos y sabes el número de sus meses, si le has puesto un límite infranqueable, aparta de él tu vista y déjalo hasta que complete, como jornalero, su jornada.

Un árbol tiene esperanza: aunque lo corten, vuelve a rebrotar y no deja de echar renuevos; aunque envejezcan sus raíces en tierra y el tocón esté amortecido entre terrones, al olor del agua reverdece y echa follaje como planta joven.

Pero el varón muere y queda inerte, ¿adónde va el hombre cuando expira?

Falta el agua de los lagos, los ríos se secan y aridecen: así el hombre se acuesta y no se levanta; pasará el cielo y él no despertará ni se levantará de su sueño.

¡Ojalá me guardaras en el Abismo, escondido mientras pasa tu cólera, y fijaras un plazo para acordarte de mí! Cada día de mi servicio esperaría que llegara mi relevo; con nostalgia por la obra de tus manos tú me llamarías y yo respondería; entonces contarías mis pasos, no vigilarías mi pecado, sellarías en un saco mis delitos y blanquearías mis culpas.

Una montaña se inclina y se derrumba, una roca se mueve de su sitio, el agua desgasta las piedras, la avenida arrastra las tierras, y tú destruyes la esperanza del hombre.

Muerto el varón, ¿puede revivir?

Lo aplastas para siempre y se va, le demudas el rostro y lo expulsas.

Sus hijos se enriquecen sin que él se entere, se arruinan sin que él lo advierta.

Sólo siente el tormento de su carne, sólo siente la pena de su alma.

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