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Capítulo 19

Colección:El Libro de Job y 42 pinturas
Autor:Fr. Antonio Oteiza
Tipo:Pintura
Ubicación:Sala de catalogación
Características: Pintura acrílica sobre cartón
Obra:
Capítulo 19

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Descripción:

Respondió Job:

¿Hasta cuándo seguiréis afligiéndome y aplastándome con palabras?

Ya van diez veces que me sonrojáis y me ultrajáis sin reparo. Si es que he cometido un yerro, con ese yerro me quedo yo.

¿Quieres cantar victoria echándome en cara mi afrenta?

Pues sabed que es Dios quien me ha trastornado envolviéndome en sus redes.

Grito «Violencia», y nadie me responde; pido socorro y no me defienden.

Él me ha cerrado el camino y no tengo salida, ha llenado de tinieblas mi sendero, me ha despojado de mi honor y me ha quitado la corona de la cabeza; ha demolido mis muros y tengo que marcharme, ha descuajado mi esperanza como un árbol.

Ardiendo en ira contra mí, me considera su enemigo.

Llegan en masa sus escuadrones, apisonan caminos de acceso y acampan cercando mi tienda.

Mis hermanos se alejan de mí, mis parientes me tratan como a un extraño, me abandonan vecinos y conocidos y me olvidan los huéspedes de mi casa; mis esclavas me tienen por un extraño, les resulto un desconocido; llamo a mi esclavo y no me responde y hasta tengo que rogarle.

A mi mujer le repugna mi aliento y mi hedor a mis propios hijos, aun los chiquillos me desprecian y me insultan apenas me levanto; mis íntimos me aborrecen, los más amigos se vuelven contra mí.

Se me pegan los huesos a la piel, he escapado con la piel de mis dientes.

¡Piedad, piedad de mí, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios!

¿Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme?

¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y con plomo se escribieran para siempre en la roca!

«Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después de que me arranquen la piel, ya sin carne veré a Dios; yo mismo lo veré, no como extraño, mis propios ojos lo verán».
¡El corazón se me deshace en el pecho!

Y si decís: «¿Cómo vamos a perseguirlo a él?
-Y así se encuentra en mí la raíz del problema-,

Temed la espada, que la espada castiga delitos, y sabréis que hay un juicio.

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