He leído el libro de Job, algo mío se adhería al personaje, lo venía a entender distintamente a otros libros.
Me di cuenta que eran los años, los míos, los míos que me acercaban a Job, y que así, desde ellos, me venía esta comprensión.
El ejemplo de Job se me hacía un aviso, de que todo venia a terminar, y aquí ya venía a saberlo de manera experimental, que eran los años, los suyos y los míos.
Y con esta reflexión sobre nuestra existencia, llegaba todo lo demás, la finalidad de la vida, las distintas maneras de vivirla, lo del bien y el mal, la libertad, que tenemos cuerpo y también espíritu y por espíritu habrá permanencia, lo eterno.
Job viene a debatirse en su interior, hasta se hace agresivo para Dios, pero no pierde la esperanza.
Se nos hace convincente este Job, cargado de poesía, imágenes que trascienden desde su sangrante realismo, que se trasponen desde su belleza.
Y por tanto sufrir y expresarse desde su interior su rostro se descubre de rojo y sus ojos quedan cubiertos de tinieblas.
Todo se hace expresión visual y grito, y si a mano se tiene una brocha o una espátula y un bote de pintura, entonces, con rapidez, hasta se intente pintar esa sensación, que los 42 capítulos del libro de Job vengan a recordarnos en otras tantas tablas, con colores más que pensados, vividos, la equivalencia a tanta palabra.
Será que ante la muerte la expresión se hace más angustiosa, que lo desconocido se descubra, que la despedida es ya la última, la que se nos hace más urgente, y así vendrá a ser también la pincelada, y ahí el arte se descompone, se hace expresionista, desgarrado en un último gesto y adiós.
Job habla para todo hombre, independiente de su mente, religiosa o no, pero que sabe de un final y hasta puede tener una esperanza.
La muerte, suele suceder que llega de improviso, pero algunas veces puede pasar lo contrario, que el hombre lo tenga previsto y vaya a su encuentro, al encuentro de la muerte, que vayamos a ella, y que todo eso, a ese hombre hasta se le pueda hacer gozoso.
Si nos detenemos en este pensar y sentir hasta podrían llegarnos preguntas y posible también hasta las respuestas:
1. Es un libro que fue confeccionándose durante siglos, hasta el IV antes de Cristo en el ambiente judío.
2. Que a sus múltiples traducciones pudieron añadirse otras palabras que sirvieran de interpretación.
3. Que después de Cristo siguieron, y siguen en la actualidad, nuevas ediciones.
4. Que es posible que sus últimos capítulos aparezcan algo debilitados de expresión vital y poética, que es lo que viene a suceder a las distintas artes cuando otros quieren seguir prolongando la obra en el tiempo.
5. Este Job es más que sufrimiento y poesía, es palabra sangrante, la vida del hombre que vive y ha de morirse.
Todo lo espiritual viene a tener parecida trayectoria.
La poética de Job se hace receptiva. Es ese invisible que se advierte desde todo aquello que es belleza. Job es la gran luminaria, y convincente para un buen terminar en la vida. Para convertirse de una posible y desgraciada vida.
A Job el sol se le cubre de negro, todo se le hace noche, ¡Señor! ¿Vas a volverme al polvo?
Pero aparece el arco iris, se descubre una esperanza. Toda existencia trasciende.
En la naturaleza transitan todos los vivientes, tienen proporciones, infinita geometría, hay sabiduría.
El hombre pregunta a la naturaleza, pero es ella la que ya desde antes está pregonando.
Habrá que comenzar de nuevo, siempre de nuevo, y con más ahínco en la recta final.
Nada se lleva. El niño que se hizo anciano vio que en su casa ya habitaban otros que no eran de la familia.
Las riquezas mal conseguidas el Señor se las sacará de su vientre.
Escribió un círculo sobre las aguas, era el poder de Dios.
¿Dónde estabas tú cuando ponía los cimientos de la tierra?
Entonces sólo de oídas te conocía.
Todo en Job se hace vida verdadera, y muerte también, que quiere ser también verdadera, vivir para una muerte que se componga de más vida.
Lo mismo que sucede en todo arte, a todo estilo, a toda época, que el ser humano no está en su ser de idea, en sólamente idea, a quedar limitado a ella, como el arte, nunca sólo idea, nunca abstracto, sólamente abstracto, que no puede existir arte abstracto, puramente abstracto.
Es un Job cargado de vida. Es presencia y vida para todos.
Antonio Oteiza.
El Pardo, abril 2014.