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San Ignacio ante la Virgen de Arantzazu

Colección:Santos en bronce (Antonio Oteiza)
Autor:Fr. Antonio Oteiza
Inventario:MCO-AO-ES-00007
Tipo:Escultura
Ubicación:Sala de catalogación
Características: San Ignacio ante la Virgen de Arantzazu es una escultura exenta en bronce, concebida en 1991 y fundida en 2002. La composición, abierta y asimétrica, se organiza mediante dos núcleos enfrentados: la figura vertical de san Ignacio y el gran volumen asociado a la Virgen y a su ámbito simbólico. La obra presenta una pátina compleja, con tonos pardos, ocres y verdosos. San Ignacio aparece tratado en una gama mucho más oscura, casi negra, mientras que el conjunto situado frente a él incorpora verdes más intensos y una mayor diversidad de planos, cavidades e incisiones. El basamento está integrado en la propia fundición y forma parte del espacio representado.
Obra:
San Ignacio ante la Virgen de Arantzazu

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Descripción:

Antonio Oteiza no representa la oración como un gesto explícito. San Ignacio no aparece arrodillado ni sometido a una narración religiosa convencional. Su actitud se expresa mediante la verticalidad del cuerpo, la orientación de la cabeza y la distancia que lo separa de la Virgen. Esa separación es esencial: entre ambas figuras se abre un espacio que no está vacío, sino cargado de sentido.

La composición se sostiene precisamente en la oposición de escalas. San Ignacio es una presencia estrecha, sobria y humana. Frente a él, el volumen asociado a la Virgen se eleva con una fuerza casi arquitectónica, construido mediante pliegues, oquedades, salientes y zonas de intenso relieve. La diferencia de tamaño no reduce al santo; hace visible la magnitud de la experiencia espiritual que contempla.

El vacío central organiza la mirada. No hay contacto físico entre las figuras, pero sí una relación intensa, creada por su orientación mutua. Oteiza convierte así el espacio en parte activa de la escultura: la distancia sugiere respeto, revelación y una comunicación que no necesita palabras.

La obra cambia de manera notable al rodearla. Desde la vista frontal se percibe con claridad el encuentro entre las dos presencias; desde los laterales, el gran volumen revela una estructura mucho más compleja, formada por planos cóncavos, relieves profundos y superficies que recuerdan tanto a una aparición como a una arquitectura sagrada. Esta riqueza tridimensional es uno de los principales valores de la pieza.

La pátina contribuye a jerarquizar la escena. La oscuridad de san Ignacio acentúa su recogimiento, mientras los verdes y ocres de la figura monumental captan la luz y refuerzan su carácter extraordinario. El bronce no se limita a describir una imagen devocional: construye un territorio espiritual en el que la materia, el vacío y la escala expresan el misterio del encuentro.

San Ignacio ante la Virgen de Arantzazu pertenece a una línea esencial de Antonio Oteiza: aquella en la que la escultura religiosa no ilustra un episodio, sino que busca hacer visible una experiencia interior. Aquí, la oración no se cuenta. Se convierte en espacio, presencia y silencio.

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