| Colección: | Santos en bronce (Antonio Oteiza) |
| Autor: | Fr. Antonio Oteiza |
| Inventario: | MCO-AO-ES-00005 |
| Tipo: | Escultura |
| Ubicación: | Sala de catalogación |
| Características: | San Juan Bautista es una escultura exenta en bronce realizada en 2000. La figura se alza sobre un basamento integrado en la propia fundición y se construye mediante una anatomía muy simplificada, articulada a partir de volúmenes compactos, planos superpuestos y una silueta de fuerte impulso ascendente. La pátina combina verdes oscuros, pardos, ocres y negros, con zonas donde aflora el tono cálido del bronce. La superficie conserva una intensa huella del modelado, visible en las incisiones, las aristas y los cambios bruscos de plano. Los perfiles laterales revelan una estructura compleja y una relación especialmente activa entre masa, vacío y movimiento. |
| Obra: |
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| Descripción: |
Antonio Oteiza no concibe aquí una imagen serena ni ceremonial del Bautista. La figura transmite tensión, energía y una voluntad de comunicación inmediata. La cabeza se inclina, uno de los brazos se proyecta hacia delante y la mano adopta un gesto enfático, casi de exhortación. No estamos ante un santo recogido en sí mismo, sino ante alguien que habla, señala y reclama atención. La anatomía se aparta de toda descripción naturalista. El cuerpo se organiza mediante grandes masas verticales y superficies fragmentadas que evocan una indumentaria áspera, vinculada a la vida en el desierto. Los pliegues no caen con regularidad; se superponen, se quiebran y recorren la figura como estratos, intensificando su carácter austero. El rostro está reducido a unos pocos planos. No hay intención retratística ni búsqueda de belleza ideal. Oteiza concentra la expresividad en la inclinación de la cabeza, en la apertura del gesto y en la forma en que el cuerpo avanza desde su propio eje. La figura parece contenida en una masa compacta y, al mismo tiempo, dispuesta a salir de ella. La superficie desempeña un papel decisivo. La luz se detiene en las aristas, recorre las incisiones y hace aflorar reflejos cobrizos entre los verdes y pardos de la pátina. Desde cada ángulo aparecen nuevas oquedades, planos y prolongaciones, de modo que la obra no se agota en su vista frontal. Su verdadera complejidad surge al rodearla. También el basamento forma parte de esta construcción. No actúa como un soporte añadido, sino como prolongación del cuerpo y como suelo de la escena. Figura y base pertenecen a una misma unidad material, reforzando la sensación de que el santo emerge directamente del bronce. En San Juan Bautista, Antonio Oteiza convierte al precursor en una presencia incómoda y necesaria. La escultura no ilustra un episodio concreto de su vida; recoge aquello que define su misión: la austeridad, la llamada y la fuerza de una palabra dirigida hacia los demás. |